¿Eres de los que piensa que para usar el ejercicio terapéutico necesitas que tu clínica parezca un gimnasio?
Pues tengo una buena noticia: no hace falta.
Las clínicas con un espacio limitado y material básico también pueden tener grandes resultados usando el ejercicio. Sin necesidad de aparatos enormes y caros.
¿Cómo puedes conseguirlo? Aplicando ciertas bases que aprenderás en este artículo.
Para trabajar la fuerza no necesitas barras y pesos gigantes
Cuando pensamos en “entrenamiento de fuerza”, la imagen automática suele ser: barra olímpica, jaula, discos y cargas elevadas.
Sin embargo, la literatura de los últimos años desmonta la idea de que necesitemos trabajar siempre por encima del 70–80% 1RM para ganar fuerza e hipertrofia.
Recuerdo: cuando hablamos de 1RM (una repetición máxima) nos referimos al máximo peso que una persona podría mover una sola vez en un ejercicio concreto con buena técnica.
Las revisiones sobre entrenamiento con cargas bajas muestran que:
- Trabajar con cargas por debajo del 50% del 1RM, siempre que se haga cerca del fallo, genera aumentos de masa muscular y fuerza comparables al entrenamiento con cargas altas cuando se iguala el volumen.
- Los protocolos más estudiados se sitúan alrededor del 30% de 1RM, 3–4 series, 2–3 veces por semana. Aproximándose al fallo en cada serie.
Para una clínica esto es oro puro: significa que no necesitas grandes cargas para producir estímulos potentes.

Con peso corporal, mancuernas ligeras, bandas y un par de steps puedes acercarte mucho a las adaptaciones que conseguirías en un gimnasio completo.
Solo tienes que saber cómo hacerlo.
¿Con qué tipo de pacientes te puede ayudar el trabajo de fuerza en clínica?
Saber que puedes reclutar estas fibras rápidas sin necesidad de grandes cargas ni material de gimnasio significa que, en una clínica pequeña, puedes trabajar capacidades clave para:
- Artrosis y dolor articular crónico (rodilla, cadera, hombro…). El trabajo de fuerza aumenta la capacidad de los músculos que rodean la articulación y mejora la tolerancia a las cargas del día a día (caminar, subir escaleras, levantarse de la silla).
Si lo haces con bajas cargas cerca del fallo, puedes generar estímulos relevantes incluso cuando el dolor o la inseguridad no permiten usar grandes pesos. - Personas con alto riesgo de caída o alteración del equilibrio. La capacidad de generar fuerza rápido es clave para responder ante un tropiezo o un desequilibrio. Mediante ejercicios con cargas ligeras pero ejecutados con intención de “empujar fuerte” en la fase concéntrica, puedes trabajar potencia y tiempos de reacción sin exponer al paciente a cargas externas elevadas.
- Dolor lumbar, cervical o de hombro inespecífico. Muchos pacientes tienen baja capacidad de carga y miedo a moverse. El trabajo de fuerza con bajas cargas permite mejorar la tolerancia de los tejidos y la confianza del paciente, sin necesidad de posiciones ni pesos que perciban como amenazantes. A medio plazo, aumenta su capacidad para manejar gestos cotidianos algo más rápidos o exigentes.
- Pacientes con dolor ocupacional por tareas repetitivas. En trabajos físicos o semisedentarios con gestos repetidos, aumentar la fuerza de la musculatura implicada hace que cada tarea suponga un menor porcentaje de su capacidad máxima.
Con bajas cargas bien ajustadas puedes introducir este trabajo en clínica, reduciendo fatiga acumulada y ayudando a prevenir reagudizaciones. - Pacientes mayores o muy desentrenados. Suelen presentar pérdida marcada de fuerza y velocidad, especialmente en miembros inferiores. El trabajo con bajas cargas permite empezar de forma segura y progresiva, mejorando tareas como levantarse de la silla, mantener la marcha o aguantar pequeños desniveles sin necesidad de un gimnasio completo.
- Dolor persistente e inactividad prolongada (incluida sarcopenia y fragilidad). En estos casos, debilidad y dolor se alimentan mutuamente. El trabajo de fuerza con bajas cargas te permite empezar pronto, mejorar poco a poco la “reserva” de fuerza del paciente y hacer que actividades cotidianas supongan menos esfuerzo relativo, lo que a menudo facilita también la exposición al movimiento y el control del dolor.
- Deportistas y trabajadores con demandas de alta intensidad. Aunque no dispongas de grandes cargas en la consulta, puedes usar bajas cargas cerca del fallo para reintroducir patrones de esfuerzo exigentes (empujar, frenar, saltar, cambios de dirección) de forma progresiva y controlada. Es una buena transición entre la fase clínica y la vuelta a entornos más específicos (campo, gimnasio).
- Recién operados o pacientes tras inmovilización prolongada. Cuando todavía no es prudente usar grandes pesos externos, las bajas cargas permiten empezar a estimular el sistema neuromuscular sin comprometer la integridad de la reparación. Puedes trabajar fuerza y resistencia local en rangos y posiciones seguros, y preparar el terreno para fases posteriores con más carga.
En resumen: con bajas cargas bien utilizadas no solo “haces moverse al paciente”, sino que puedes llegar también a las fibras que más importan para su función y su rendimiento.
Explicación fisiológica de por qué funcionan las cargas bajas
La idea de que las cargas bajas no reclutan fibras musculares rápidas viene de una lectura simplista de la ley de Henneman.
La evidencia actual sugiere que el músculo va reclutando fibras poco a poco: primero las que necesitan menos esfuerzo (fibras lentas) y, conforme la serie se alarga y se acerca al fallo, termina activando también las fibras más potentes y rápidas, aunque la carga sea relativamente ligera.
Por tanto, para activar las fibras rápidas tenemos dos opciones principales:
- Con altas cargas. La exigencia es alta desde la primera repetición: reclutas rápido las fibras rápidas.
- Con bajas cargas. Al principio el esfuerzo es bajo, pero la fatiga va subiendo. Cuando te acercas al fallo, necesitas reclutar igualmente las fibras rápidas para seguir moviendo la carga.
¿Por qué es interesante esto para ti como fisio?
Porque las fibras rápidas son las que más contribuyen a picos de fuerza y potencia, a respuestas rápidas ante pérdidas de equilibrio y a muchas tareas funcionales (subir escaleras, levantarse del suelo, frenar y cambiar de dirección, gestos deportivos…).
Además, en el contexto de la geriatría las fibras rápidas son las que más se pierden con el envejecimiento y la inactividad.
Condiciones mínimas para que el trabajo con bajas cargas funcione
No basta con decirle al paciente “haz 3×20 repeticiones con esta goma” y esperar que funcione por arte de magia. Para que la prescripción de ejercicio en fisioterapia con bajas cargas tenga sentido, necesitamos cumplir varios criterios.
Esfuerzo elevado y proximidad al fallo
La evidencia indica que, con bajas cargas, la clave es llegar muy cerca del fallo concéntrico. Es decir, que el paciente tenga la sensación de que podría hacer 1–3 repeticiones más como mucho al final de la serie.
En la práctica, puedes usar:
- Escala de Percepción del Esfuerzo (RPE) de 0–10: buscamos un RPE 7–9 al acabar cada serie (esfuerzo “duro pero tolerable”).
- Repeticiones en reserva (RIR): son las repeticiones que serías capaz de hacer al terminar una serie. Terminar con 0–3 RIR según el nivel y el contexto clínico.
Volumen y frecuencia adecuados
Los protocolos que mejor funcionan en entrenamiento con cargas bajas suelen compartir:
- Frecuencia: 2–3 veces/semana por grupo muscular.
- Series: 3–4 series por ejercicio.
- Repeticiones: 15–30 repeticiones, buscando que las últimas cuesten mucho.
- Descanso: 60–90 segundos entre series (puedes ampliarlo en pacientes muy descondicionados).
Cargas lo bastante altas (aunque se mantengan bajas)
Paradójicamente, cuando hablamos de bajas cargas, tampoco vale “cualquier cosa”. Las revisiones recomiendan no bajar de ~30% 1RM para buscar ganancias en fuerza e hipertrofia comparables a las altas cargas.
En términos clínicos: si en un test rápido ves que el paciente puede hacer más de 35–40 repeticiones sin llegar cerca del fallo, probablemente la carga es demasiado baja para estimular adaptaciones estructurales importantes.
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Conclusiones
El mensaje central es sencillo: no necesitas una clínica que parezca un gimnasio para hacer un trabajo de fuerza relevante con tus pacientes. La evidencia sobre entrenamiento con bajas cargas indica que, si trabajas cerca del fallo y respetas ciertos parámetros mínimos, puedes conseguir adaptaciones muy similares a las de las altas cargas en fuerza e hipertrofia.
Si integras estas ideas en tu día a día, tu clínica deja de ser “un sitio donde estirar un poco y poner corrientes” para convertirse en un lugar donde los pacientes recuperan capacidad real con recursos modestos. Y lo más importante: empiezas a ver el ejercicio de fuerza como una herramienta central de la fisioterapia, no como un añadido opcional para cuando sobra tiempo.
Esto va en concordancia a la última evidencia científica y las guías clínicas, lo que hará tu práctica mucho más exitosa.
Bibliografía
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